Entrada publicada el 13 de Junio de 2011 por John Tones

Bueno, quizás no del mes, pero es un spotifazo que quiero compartir con todos ustedes para celebrarque he superado los dos mil seguidores en Twitter (que solo hay que decirlo para que venga la bajona y se me vayan quince). Así que ahí tienen lo que he llamado Ultimate Pixies Covers Compilation y que incluye todas las versiones de los semidioses que he podido encontrar en Spotify, que son muchas. Como no podía cambiar el orden, las he colocado por orden alfabético y ustedes hacen clic en reproducción aleatoria, porque creo que hasta a un fan se le pueden atragantar 19 versiones consecutivas de Where’s My Mind?. He incluido versiones del propio Frank Black en su estupendo Frank Black Francis y, como curiosidad, una versión de los Pixies a cargo de los propios Pixies, una toma en clave de baladón de Wave of Mutilation y que yo diría que supera al original si no fuera porque el original ya es una de las mejores composiciones melódicas conocidas por el ser humano civilizado. Que lo disfruten.

Entrada publicada el 30 de Agosto de 2010 por John Tones

(Cada mes, un spotifazo con listas de reproducción de Spotify. Las habrá dispersas, las habrá variadas y las habrá monográficas. Todo por la patilla, como ustedes merecen)

Tengo una relación muy personal y particular con Punk-O-Rama, los recopilatorios del sello Epitaph, creado por Brett Gurewitz, guitarrista de Bad Religion, para distribuir y publicar los discos de la banda. Cuando comencé a vivir en Madrid, rascaba algo de dinerillo de mi escasísima asignación familiar para gastos y me compraba cada trimestre la revista Factory, que editaba Rockdelux. Su por entonces novedoso sistema de publicación (ahora todas las revistas, o casi, cumplen este esquema) consistía en un CD que acompañaba a una sobria revista en blanco y negro, de cierto aire fanzinero, poco acento en las imágenes y largos textos no tan atados a la actualidad como su revista hermana, lo que permitía al revistón llevar a cabo dossiers sobre géneros y estilos y sobre música del pasado, que a mí me interesaba mucho más que las cosas que se llevaban allá por mediados de los noventa.
El número 5 de Factory colocó en portada a Offspring y regaló un extraordinario sampler de grupos punk de entonces, pertenecientes a sellos como No Tomorrow, B-Core, Fat Wreck, Munster o Epitaph, todos ellos distribuídos por Comforte. Y en el interior de la revista, un reportaje sobre las nuevas huestes del power pop, el garage noventista, el revival punk y el hardcore post-nirvanazo del que algunos se hartarían pronto. Esto es: Meanies, Pansy Division, BUM, Parasites, Lag Wagon, Slapshot, Afraid to Speak in Public, Youth Brigade, Propaghandi y un largo etcétera. Para festejar el contenido, Factory propuso a sus lectores un concurso: enviar una carta (qué tiempos, ¿eh? ) contando cuál fue el primer impacto punk del lector. A los diez mejores o más sentidos les regalarían el primer volumen de Punk-O-Rama. Así que allí escribí con una confesión que ahora resultará obvia, pero que en aquellos tiempos no lo era tanto: mi primer impacto punk, con 12 o 13 años, fue Los chochos voladores, que no fue la primera canción de Siniestro Total que escuché, pero sí la que con más claridad me lanzó el mensaje, muy intuitivo aún para mi impresionable mente adolescente, de que el humor es el arma de subversión cultural más potente que podemos concebir. Gané uno de los CDs, claro: como reconocieron con cierta amargura los responsables de la revista, la inmensa mayoría de los participantes habían citado como primer impacto punk a Nirvana… en el mejor de los casos. Ntsch. Hasta a mí, con menos de veinte años, aquello me parecía una indignidad. En cualquier caso, recibí bien contento un recopilatorio con el que descubrí a tres grupos que con el tiempo se revelarían esenciales en mi educación musical.
Al primero de ellos ya lo había oido en el instituto: «los barrilillos», como se conocía en Murcia a Bad Religion, me engancharon definitivamente, y cerré un circulo que les debía desde hace tiempo viéndolos, al fin, tocar en directo en el último Azkena. Espero que no sea la última vez. A quienes sí descubrí gracias a Punk-O-Rama fue a NoFX, con un Don’t Call Me White a cuya velocidad vive Dios que no estaba acostumbrado. Fue el principio de mi regreso al hardcore que visité tímidamente en la adolescencia, pero ya perfectamente consciente de qué oía y sumándole tintes melódicos. Un año más tarde, NoFX lanzaría su mejor disco, el increíble Heavy Petting Zoo. Mi tercer descubrimiento de este Punk-O-Rama fue, cómo no, Rancid, que ese mismo año grabaría uno de mis discos favoritos de todos los tiempos, el magistral … and Out Come the Wolves. Es decir, que el primer Punk-O-Rama no solo me llevó de cabeza al sonido Epitaph, sino que me encaminó a unos cuantos nombres imprescindibles en unos tiempos en los que seguirle el rastro a tus grupos favoritos e identificar las conexiones con otros similares era mucho más complicado que ahora. No lo echo de menos. Echo de menos oír por primera vez según qué cosas, pero sólo eso.
Aunque no supusieron el impacto del volumen inicial, fui descubriendo el resto de las entregas de forma más o menos tardía (gracias en buena parte a Johnny Urethra, de Ningoonies). Durante una buena temporada, los Punk-O-Rama, junto a los samplers de Kung Fu Records o Fat Wreck eran una estupenda manera de estar al tanto de lo que se cocía en el punk USA menos áspero, pero heredero aún así de las cositas que nos gustan: la velocidad, la distorsión y el bocachanclismo. Según la orientación del sello fue mutando con los años (lo que les ha llevado tanto a fichar a Weezer como a incluir entre sus filas a grupos de screamo, emo y demás variantes del metal pesado para teenagers malotes), fui perdiendo el interés en Epitaph. Las últimas entregas de Punk-O-Rama se ensosecieron a pasos agigantados, y de hecho, la décima fue la última, pasando a llamarse Unsound el sampler anual de Epitaph. Donde, efectivamente, no hay apenas punk.
En Spotify no están todos los Punk-O-Rama, pero sí los mejores: los seis primeros. En esta lista de reproducción que he preparado para ustedes he dejado un máximo de un tema por grupo, y ahí lo tienen, para su uso y disfrute. Brinquen, griten y recuerden: un raca-raca a tiempo soluciona muchos problemas.
Spotifazo del mes: Punk-o-Rama-Rama
Entrada publicada el 25 de Julio de 2010 por John Tones

(Cada mes, un spotifazo con listas de reproducción de Spotify. Las habrá dispersas, las habrá variadas y las habrá monográficas. Todo por la patilla, como ustedes merecen)

¡Cada vez llego un poco más tarde: casi no me da tiempo de brindarles el espotifazo de este mes! Pero he llegado, vaya. Y lo he llamado Rápido y bruto porque así es exactamente: guitarras al 11, abundante distorsión, velocidades que van de lo rapidico a lo vertiginoso y, como siempre, urgencia, intensidad y griterío. Dejen la elegancia en la puerta, que aquí se viene a sudar y gritar: desde clásicos como Vandals, Toy Dolls o Cicatriz a impepinables superéxitos como Offspring o Sum 41, pasando por sorpresas como Monkey Pirates (único cover de la lista, y más de uno se sentirá morir) o Frankenstein. He intentado ser lo menos purista posible y combinar sin rubor rocanrol altovoltaico con punk de toda la vida. Cuidado: el resultado es bastante inestable. Menos mal que se pasa en un plis.
Spotifazo del mes: Rápido y bruto.
Entrada publicada el 23 de Junio de 2010 por John Tones

(Cada mes, un spotifazo con listas de reproducción de Spotify. Las habrá dispersas, las habrá variadas y las habrá monográficas. Todo por la patilla, como ustedes merecen)

Tengo un recuerdo muy nítido de mi primera experiencia con EMF, con 14 tiernos añitos: sin nadie que me pudiera grabar el Schubert Dip donde aparecía Unbelievable, sin dinero para comprar el disco, sin escuchar el hit más que muy ocasionalmente por la radio, mi única opción para disfrutar de la canción era juntarme con un montón de sujetos despreciables de mi clase y acudir a una disco-light murciana (ojo al círculo del infierno) los sábados a media tarde, donde aguantaba impertérrito el mamoneo con gente que me atizaba unas tollinas legendarias en los recreos, sólo para disfrutar de esta descarga sonora de tres minutos y medio. Los miembros de EMF no volvieron a tocar el cielo con la punta de sus juveniles genitales con tanta fortuna como en Unbelievable, claro, pero dejaron antes de su disolución tres discos muy interesantes. Schubert Dip, prácticamente perfecto, Stigma, algo más flojo y Cha Cha Cha, del que nadie se acuerda, demasiado largo quizás, pero rebosante de imperfectos hits de fin de semana. La mezcla de máquinas y guitarras, esas baterías indistinguibles de bases robóticas, las letras salaces, juerguistas y levemente misóginas son el hilo conductor de este spotifazo dedicado a EMF que no tiene nada de nostálgico: todas las canciones que la componen, de Perfect Day a When You’re Mine, pasando por La Plague o la versión de Search & Destroy, aún sin alcanzar ninguna la rotunda perfección de Unbelievable, son tremebundos himnos de rabia pop adolescente.
Spotifazo del mes: EMF
Entrada publicada el 10 de Mayo de 2010 por John Tones

(Cada día 1, como un clavo -o esa es la intención-, un spotifazo mensual con listas de reproducción de Spotify. Las habrá dispersas, las habrá variadas y las habrá monográficas. Todo por la patilla, como ustedes merecen)
Bueno, ya han visto que como un clavo no, pero casi a la primera semana he llegado. Para esta primera lista monografica he recopilado mis hits particulares de los Beastie Boys, grupo muy mi favorito mío. Desde sus orígenes hardcorinos (Aglio & olio no está en Spotify, pero lo recomiendo muy efusivamente) al post hip-hop ultrapop con los clásicos del género bien presentes, siempre molan, siempre hacen risa y siempre firman los mejores videoclips de la historia. En esta lista he puesto unos cuantos clásicos impepinables, pero tambien algunas rarezas y cancionzacas tremendas pero desconocidas (como esa tremenda remezcla de Root Down o la buenérrima Johnny Ryall). Y como colofón, una verión karaoke de Sabotage y la desconcertante El rey y yo en versión de Los Tres (en Spotify, por desgracia, no está el escalofriante original de Los Ángeles Negros), que tan grandemente culmina The Move. En resumen, una buena sartenada de hip hop que no amuerma, de influencias perfectamente hiladas y de obras maestra del corta y pega con sentido y sensibilidad.

Clique en la foto para Spotifazo del Mes – Beastie Boys